Manifiesto.
ramón vera roalcaba y miguel angel larrea cespedes, son una par de LADRON de vidas, amargados, conchudos, abusivos y sinvergüenzas, todo en esta vida se paga, ya están a un paso; Creen que los cargos son eternos y piensan que van a vivir y disfrutar de sus ganancias, cómo le harán para que Gonzales y el tiempo no los alcance. Realmente cada día pido a Dios que les brinde una larga, pero larguísima vida. Y recuerda ramon en la Universidad Jorge Basadre G. tú serás el diosesillo empezando por miguel, todos te tiene miedo, todos te idolatran, te rinden pleitesía y no cabe duda de que eres un ser muy inteligente, soberbio y manipulador, que disfrutas y gozas abusando de los más débiles, ; pero quien realmente debería de temer eres tú, Dios toma nota de cada obra tuya, cada palabra, cada acto, cada mala fe, y eso lo has de pagar, ya sé que a ti no te importa las maldiciones o bendiciones, ya se sabe que para ti Dios no existe, pero Dios te tiene presente; y recuerda será en Vida cuando te pasen la factura. Por qué el infierno no es para seres como ustedes, el infierno está reservado para personas humanas como yo. Simples mortales de carne y hueso que solo invocan la Justicia de Dios, la Justicia del hombre, y su propia Justicia. La Paciencia viene en frasco chico y pronto se acaba. Dilata jaj.. que se jodan. A Mí Me Vales un Ramon.

lunes, 22 de septiembre de 2014

Letra El Soldado

Letra El Soldado


Soy De Aquellos
Que Dan La Cara
Y Ponen El Pecho
Soy Soldado.

Con Mis Músculos De Acero
Y Mis Cananas Repletas
De Balas Sedientas
De Sangre Enemiga
Cuando Estamos En Pleno Combate
Le Doy Gusto A Mi Buen Fusil.

¡Ay, Madre!
Si Ves Que Me Matan
No Llores Por Mi
No Te Quejes, Ni Te Arrepientas
Eh Cumplido Mi Deber
Con Honor, Lealtad Y Dignidad,
A Sangre Y Fuego Son Mi Consigna.

¡Ay, Madre!
No Hagas La Tumba Muy Honda
Para Seguir Oyendo El Silbido 
Del Fusil Al Soltar Las Balas.

Ya Se Escucha Sonar La Metralla,
Ya El Clarín Toca Fuego,
Ahora O Nunca, Muchachos De Frente,
Acabemos Con La Espera.

Ya Con Esta Me Voy Despidiendo,
Ya Me Voy De Soldado,
Y Si Muero En Combate, Díganle A Mi Hermano
Que Venga A Cumplir Con Su Deber
Que Luego Ya Es Tarde,
Para Hacernos Compañía.

Si Dios Quiere Que Vuelva, Volveré
Si No, Rezan Por Mí Un Rosario.



Tenemos que Limpiar el PERÚ de Tanto Político Ladrón y Zángano que nos Roba y Desangra el Porvenir de La Patria.

Letra Canción del soldado Mi amigo Jose

Para los tucos (patria rojas, sendero, narcotuco, etc.)  que matan a cuanto soldado se les cruza. material y políticamente partiendo desde las universidades y terminando en los colegios. oe tuco estas matando a tu amigo, a tu hermano, a tu hijo, a tu padre. Peruano no dejes que esta plaga ideológica y política germine en esta tierra buena que es nuestra patria el Perú. 

Caminando por el campo,
entre las flores había...
una carta ensangrentada
de cuarenta años hacía.

Era de un paracaidista,
de la octava compañía...
que a su madre escribía
y la carta así decía:

"Madre, anoche en las trincheras,
entre el fuego y la metralla...
vi al enemigo correr,
la noche estaba cerrada.

Le apunté con mi fusil,
al tiempo que disparaba...
una luz iluminó,
el rostro que yo mataba.

Fijó su mirada en mí,
con sus ojos ya vacíos...
¿Madre, sabe a quién maté,
al soldado enemigo?

Era mi amigo José,
compañero de la escuela...
con quien yo tango jugué
a soldados y a trincheras.

Ahora el fuego era verdad,
y a José ya entierran...
Madre yo quiero morir
ya estoy harto de esta guerra.

Y si te vuelvo a escribir
tal vez sea desde el cielo...
donde encontraré a José
y jugaremos de nuevo.





Tenemos que Limpiar el PERÚ de Tanto Político Ladrón y Zángano que nos Roba y Desangra el Porvenir de La Patria.

La Realidad de las Fuerzas armadas del Perú en el VRAE



Tenemos que Limpiar el PERÚ de Tanto Político Ladrón y Zángano que nos Roba y Desangra el Porvenir de La Patria.

domingo, 21 de septiembre de 2014

Carta de Despedida de un solado Peruano a su Madre

Arica, 6 de junio de 1880

Señora
Amelia viuda de Monfort
Cerro de Pasco

Inolvidable madre mía:
Por fin puedo escribirle las líneas que le debo hace mucho tiempo. En primer lugar, para agradecerle las cartas que me ha enviado, todas ellas cargadas de amor, de comprensión, de aliento. Recibirlas, madre mía, no obstante la tristeza de encontrarme a centenares de leguas de distancia, muy lejos de usted, de mi novia y de mi tierra adorada, ha servido para mantener vigente mi ánimo y mi entusiasmo,

Aquellos hermosos días de paz transcurridos en mi niñez y mi juventud, me parecen muy distantes. Mañana cumpliré exactamente trece meses de servicio activo en nuestro Ejército. Trece largos meses en los que aprendí muchísimas cosas. ¡¡Ahora sé que la guerra es el mismísimo infierno!!. ¡Debería abolirse la guerra que no es sino una cruel y salvaje matanza entre seres humanos que deben amarse. La guerra, entre otras infamias, nos aleja de nuestros hogares. Todos los hombres que me acompañan viven suspirando por encontrarse nuevamente con los suyos. Desde que salí de mi tierra, multitud de paisajes he visto desfilar delante de mis ojos. Tierras semejantes a mundos ignotos y extraños; inmensidades que jamás sospeché siquiera que existieran (No me castigue Dios, pero no quiero volver a ver un arenal en lo que me quede de vida). He caminado por los inmensos desiertos de esta parte del planeta, en medio de un implacable sol que por momentos nos hacía ver alucinaciones y espejismos, en noches tan cerradamente oscuras que, a ratos, esperábamos caer en un abismo negro y eterno y que en nuestra desesperación, nos parecía que era mejor así; que era preferible morir, a seguir sufriendo aquella abominable pesadilla. He sentido los labios descomunalmente hinchados por la sed. Aquí el agua es la bendición que muchas veces estuvo muy lejos de nuestros labios. También he aprendido a orar, a trabajar y a combatir. He aprendido a vivir con exaltación, con plenitud, con ímpetu. Han sido necesarios estos largos meses de preparación y de luchas para comprender lo que es un soldado, un hombre. Hoy lo sé muy bien. He mirado a los valientes de nuestra Columna luchar con un valor sin límites, sin una queja, sin una lamentación, no obstante sus heridas, y me he sentido plenamente orgulloso de ellos. He visto a mis hermanos cerreños morir con la sonrisa en los labios, en cuyas pupilas llameaba la luz del heroísmo, mientras la vida les duraba. Y he llorado, madre, he llorado como un niño, al cerrar sus párpados fríos, sin vida, benditos. ¡Diles a nuestros paisanos que la Columna Pasco ha cumplido!. En las faldas del cerro San Francisco, por ejemplo, yo también he sentido la muerte, cuando nos ametrallaban y cañoneaban por todos lados, y mientras el fuego graneado caía en derredor, haciendo que la muerte juegue con nosotros, sentí que algo me protegía. Ahora sé que sus oraciones, que la bendición que me dio usted, me hacían invulnerable. ¡Dios la bendiga, madre mía!.

Hasta ahora el Señor me ha conservado la vida; presiento que será por poco tiempo. Ahora estoy convencido que un hombre que ha recibido este tremendo bautismo de sangre, fuego y dolor, sólo busca en su Salvador la luz eterna de la verdad. Nunca pude pensar que hubiera tantos hombres buenos en nuestra tierra. En estos trece meses de guerra he conocido más hombres generosos y abnegados que en todo el resto de mi vida. He visto a los integrantes de la Columna Pasco, hermanos de mi alma, único consuelo en mi soledad y tristeza, combatir y morir como héroes. Estoy seguro que mañana siete de junio también sabrán luchar como fieras.

En estos momentos, acá en Arica, acaba de finalizar el bombardeo terrestre y naval que nos han dirigido los chilenos, felizmente sin ninguna consecuencia. Han tratado de asustarnos. Hoy más que nunca estamos confiados en la grandeza de nuestros jefes. Imagínese. El coronel que ya peina canas, contestó al parlamentario chileno que vino a pedir nuestra rendición, que pelearemos “Hasta quemar el último cartucho”. Todos los jefes y oficiales lo respaldaron. Nosotros también, claro está. Sabemos que la muerte nos aguarda, pero tenemos que cumplir nuestra palabra. Estamos sitiados y abandonados a nuestra suerte. Todos lo sabemos. Mañana atacarán, pero los estaremos esperando. Tenemos conocimiento que las faldas del morro se están sembrando de minas explosivas; por allí tendrán que pasar los chilenos. Tenemos que valernos de todo, madre, de todo. Ellos son más de seis mil hombres muy bien armados y bien alimentados; nosotros no somos más de mil quinientos (cuatro a uno).

Yo, como sabe usted, conjuntamente con todos mis hermanos de la Columna Pasco, nos hemos aglutinado en el Batallón Tarapacá que esta al mando del coronel Ramón Zavala -rico salitrero tarapaqueño… Ah! le contaré que hasta hace unos pocos días nuestra alimentación dejaba mucho que desear, pero el coronel Alfonso Ugarte Vernal, un oficial tarapaqueño que es muy acomodado, ha dispuesto un gran banquete para jefes, oficiales y tropa.

En este momento todos estamos escribiendo. Avíseles a las madres y a las novias de mis amigos que ellas también tienen sus cartas; especialmente la “Ñahuirona” Clotilde a quien el “loco” Landaver le está escribiendo un testamento. No es para menos. El sabe que habremos de morir, pero quiere alegrar el corazón de su novia. Lo mismo ocurre con Aníbal; le está escribiendo una hermosa carta a su mamita; la señora Panchita. ¡Madre!. Yo quiero rogarle que cuando pase lo que tenga que pasar, acompañe a la ancianita. ¡Es tan viejecita, la pobre!. También si pudiera entrevistarse con la madre del “cholo” Fermín Eusebio, quisiera que le diga que su hijo es un hombre extraordinario. Con su trompeta nos ha alentado y animado aquí en las trincheras. Todos lo queremos. Tiene que ubicarla, madre. Ella es la lavandera de los Campillo y de otros españoles más. Vive en Diputación. Finalmente, le pido con todo mi amor que consuele a Margarita. A ella también le estoy escribiendo, pero sé que de todas maneras va a sufrir mucho. Usted sabe que cuando partí de allá, de nuestra tierra, le prometí que a la vuelta de la guerra nos casaríamos. Que me perdone. Dios no ha querido depararme esa felicidad. Ella habría sido una magnífica esposa. Pídale que me comprenda; que la patria nos exige esta dolorosa separación. Ella sabe que la quiero con todas las fuerzas de mi alma. Que ella es la única mujer a la que he querido en mi vida, pero no pudo ser. Que me perdone y que sea muy feliz.

Esta noche voy a confesar, madre. Estoy esperando mi turno. Ya casi todos lo han hecho; hasta los Candiotti…¡Imagínese!. El padre Rojas está atareado alcanzándonos la absolución por nuestros pecados. El también será el encargado de hacer llegar esta carta a sus manos.
Madrecita mía: Estoy consciente que me quedan muy pocas horas. Sé que en cualquier momento, a partir de este instante, la muerte vendrá a arrebatarme la vida que usted me ha dado. Por eso, cuadrando mi emoción en palabras, le escribo mis últimas letras. No se imagina el esfuerzo sobrehumano que tengo que hacer para mantener mi pulso firme. No sabe cómo he rogado a Nuestro Señor que me dé presencia de ánimo para resistir la angustia. ¡Despedirse es lo mismo que morir!… ¡Y yo me estoy muriendo, madre!!. Sin embargo, armándome de coraje y pidiéndole a usted que haga lo mismo, le dedico los últimos instantes de mi vida.

Tengo que terminar esta carta. Voy a ocupar mi emplazamiento de combate. Nos ha correspondido una represión de la parte norte del morro de Arica. Allá vamos. Mis últimas palabras son para usted, madrecita, para usted, como lo serán mis postreros pensamientos. Tenga la seguridad que a donde vaya, la estaré aguardando. Sólo tomaré la delantera. Estoy segura que me veré con mi padre con quien la estaremos esperando. Le pido a usted con todo mi amor, que vaya a la tumba de mi padre y ponga en ella, no una, sino dos flores, que serán mis lágrimas de despedida.
Madre mía, le pido, le ruego, le imploro, que tenga mucho coraje para soportar esta prueba que nos da el destino. Ruéguele también al Señor, porque el valor no me abandone jamás, en esta última prueba. Usted reciba junto con mi bendición, el último beso de su hijo moribundo.

¡Que Dios la bendiga, madre mía!…¡Viva el Perú!.
Su hijo que la adora
Alejandro



fuente : http://pueblomartir.wordpress.com/2010/06/05/la-ultima-carta/

Tenemos que Limpiar el PERÚ de Tanto Político Ladrón y Zángano que nos Roba y Desangra el Porvenir de La Patria.

Opinión Política de chile, sobre el servicio militar Peruano.



Tal Parece, que la política de servicio militar peruano obedece a la política interna chilena al ver que un llamado al servicio militar que debe de ser obligación en el Perú, se mantenga en voluntaria,cuando  a los vecinos del sur, se ven afectados.  cuando debe de ser, un deber de todo ciudadano peruano estar preparado para dado el momento prestar la defensa de nuestro territorio nacional, es cierto que nada es perfecto pero la no preparación nos llevara a una disipación total como nación si nonos preparamos.

Tenemos que Limpiar el PERÚ de Tanto Político Ladrón y Zángano que nos Roba y Desangra el Porvenir de La Patria.

El Vecino Menos querido de Latinoamericana - Geopolíticamente



Tenemos que Limpiar el PERÚ de Tanto Político Ladrón y Zángano que nos Roba y Desangra el Porvenir de La Patria.

martes, 16 de septiembre de 2014

Cuando No Sabemos elegir Bien



Tenemos que Limpiar el PERÚ de Tanto Político Ladrón y Zángano que nos Roba y Desangra el Porvenir de La Patria.

UNJBG

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